730 *C COMBUSTIÓN INCOMPLETA
GALERÍA SGR, 2026
Bogotá, Colombia
50 placas de cerámica ahumada en Saggar, instalacion de 5 televisores y madera.
2026
El fuego no descubre: crea.
El humo no oculta: dibuja.
Estas piezas no nacen de una imagen previa, ni de un gesto premeditado. Tampoco son consecuencia de la fortuna. Emergen del entrecruzamiento del azar y la voluntad. Son el rastro de un encuentro entre materia, temperatura, aire y tiempo. El fuego transforma sin objetivos predeterminados los materiales y condiciones impuestos soberanamente. La voluntad limita el azar, pero también cede, observa y acepta sus capacidades creativas. El azar no es desorden destructor; el azar construye lenguajes. La fortuna esboza composiciones que no se pueden domesticar. No hay fatalidad, no hay destino. Tampoco anarquía; solo albur limitado por la consciencia.
Cada superficie guarda la memoria de una serie de instantes irrepetibles: corrientes invisibles que se arremolinan, que insisten, que desaparecen dejando apenas su huella. Como si el humo hubiera decidido detenerse momentáneamente; como si hubiera decidido suspenderse unos instantes entre aparición y disolución. Las pinturas del fuego son imágenes de lo inasible; fotografías de larga exposición de aquello que nunca termina de revelarse.
Las obras comprimen el tiempo; son lapsos que se superponen y se condensan en una piel cerámica. El fuego marca, el humo traza, los minerales reaccionan. Sin boceto, sin anticipación, como una escritura que se produce a sí misma mientras el fuego permanece vivo. No hay autoría única. Las obras pertenecen tanto a la mano que impone las condiciones para la creación como a las fuerzas indomables que las transforman. Son acuerdos silenciosos entre lo humano y lo indócil, entre el control y su renuncia.
Tiempo contenido.
Energía que no logra fugarse; energía que se apresa en la superficie.



